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El partido que el Perú se juega en el TLC

El partido que el Perú se juega en el TLC Javier Díez Cansenco
ALAI-AMLATINA


Ya se fue la cuarta parte del 2004, año decisivo para nuestro país, entre otras cosas -quizás la más importante- por la negociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con EE.UU., que ha de definir -si se firma- nuestro modelo de desarrollo, con graves riesgos y ciertas posibilidades. Quienes tienen intereses y beneficios ligados a la firma del TLC y las buenas relaciones con EE.UU., presentan el TLC como algo indiscutible y fantástico.

La ciudadanía debe tener claro lo que realmente está en juego con el TLC. El mismo Congreso debería estar informado en detalle y el Ministro de Comercio debería haberse presentado ante el Pleno, pero parece invitado de piedra y útil sólo en el momento de ratificar lo negociado sin su pleno conocimiento. Nada pasa. El acuerdo que se firme tendrá categoría supraconstitucional: los compromisos que asuma el Perú serán casi imposibles de revertir a futuro. Lo que se acuerde ahora, afectará el destino del país por décadas. El TLC no es un acuerdo comercial, abarca temas cruciales para la soberanía y defensa nacional, la autonomía en el diseño y aplicación de políticas estatales, la potestad legislativa del Congreso, la jurisdicción de nuestras leyes y tribunales, nuestros derechos y deberes ciudadanos.

La negociación del TLC no puede ni debe separarse de una visión estratégica e integral del desarrollo nacional. Hay que preguntarse: ¿Qué clase de país queremos ser? ¿Nos conviene la senda de supuesto desarrollo que propone el TLC, ligada al cuestionado "Consenso de Washington"? ¿A que apostamos: a ser exportadores primarios, ser maquiladores con mano de obra barata, a desarrollar cadenas productivas, a especializarnos en productos autóctonos? ¿ Qué metas, qué tipo de desarrollo económico buscamos? ¿Nos sirve realmente el TLC para alcanzarlos? ¿Qué alternativas hay? ¿Qué pasa con la integración regional, CAN-Mercosur?

Alrededor del TLC, el Perú no puede centrarse simplemente en mantener los beneficios comerciales actuales del ATPDEA o en potenciar sectores exportadores, confiando en que el resto de la economía será "arrastrada". El TLC no generará sólo beneficios ni solucionará todos nuestros problemas. Indudablemente, hay sectores que se beneficiaran con el TLC, pero también hay sectores -muy numerosos y con intereses legítimos- que serían muy perjudicados. El bienestar de cientos de miles de agricultores, pequeños comerciantes, y pequeños y micro empresarios, no pueden sacrificarse simplemente para asegurar la prosperidad de un puñado de enclaves exportadores. Tiene que llegarse a un acuerdo beneficioso para las mayorías sobre qué, para qué, y como se negociará con los EE.UU.

La negociación del TLC no puede dejarse al libre albedrío del Gobierno. La presencia de la sociedad civil en la negociación debe ser permanente y efectiva. Las propuestas gubernamentales en la negociación deben provenir de un intenso proceso participativo. Hay multitud de temas claves que exigen un debate nacional para llegar a posiciones legitimas y consensuales, que el Gobierno debe defender: ¿Aceptaremos las exigencias de EE.UU. de garantizar a sus militares la inmunidad ante la Corte Penal Internacional en caso de crímenes de guerra? ¿Qué hacer ante los generosos subsidios que reciben los agricultores norteamericanos y que EE.UU. considera un tema no negociable? ¿Cómo negociaremos los derechos de patente, en especial en medicinas y el uso de software propietario? ¿Cómo preservamos el acceso a medicamentos genéricos baratos, contra los a deseos de las transnacionales farmacéuticas? ¿ Cómo tratar el tema de las licitaciones y compras estatales, cuando EE.UU. exige que a sus empresas se les permita competir a todo nivel con las empresas peruanas? ¿Cómo proteger nuestro patrimonio cultural y natural, para impedir que las multinacionales los depreden? ¿ Propondremos que junto al tránsito de mercancías se negocie el tránsito de personas, para que los peruanos podamos movernos a otros países sin ser maltratados?

Tenemos por delante meses de ardua negociación con los EE.UU., una superpotencia cuyos intereses no son los nuestros -a menudo son contrarios- y que usará su influencia y fuerza para conseguir un acuerdo a su favor. La sociedad civil y el Congreso deben participar y vigilar las negociaciones. Exijamos al Gobierno una actitud firme y transparente, pues es indispensable que se defiendan posiciones y principios que garanticen que el saldo neto de la negociación para el país, sea positivo para los peruanos de hoy y de mañana, o no hay acuerdo.

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Javier Diez Canseco es congresista peruano.

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